2025 fue post-digital; 2026 será humanista
El cambio no ha sido solo tecnológico: ha sido cómo se siente el marketing cuando lo vives como usuario. En 2025 muchas marcas dejaron de pelear por impactos y empezaron a diseñar momentos: experiencias híbridas, contextuales, menos ruidosas y más útiles.
Pero esa evolución trae una consecuencia inevitable: si el marketing se parece cada vez más a una experiencia real, entonces se evalúa como una relación real. En este artículo voy a aterrizarlo en 3 aprendizajes de 2025 y 5 apuestas prácticas para 2026 que puedes aplicar desde ya, sin depender de predicciones grandilocuentes. Porque, al final, en 2025 el marketing se volvió experiencia; en 2026 se va a volver confianza.
2025 en una frase
2025 fue un año de estabilidad aparente y tensión estructural. En la superficie, todo podía leerse como “más de lo mismo”: más IA, más automatización, más contenidos, más formatos, más velocidad. El mercado seguía produciendo novedades, y muchas estrategias se limitaron a optimizar lo que ya existía: rendimiento, segmentación, creatividad asistida, producción a escala.
Pero por debajo, la tensión era cada vez más evidente: el usuario —y, en general, las audiencias— empezó a exigir otra cosa. Menos interrupción, porque el ruido ya no compite: agota. Más utilidad, porque la atención se concede cuando hay valor real en el momento. Y más control, porque la confianza se rompe cuando la personalización se siente como invasión. Esa es la paradoja de 2025: parecía continuidad, pero estaba cambiando el “contrato” entre marca y persona.
Tres cambios reales que 2025 dejó sobre la mesa
1. De campañas a capas de servicio (marketing invisible)
En 2025 se consolidó una idea que, bien aplicada, cambia por completo el enfoque: integración > interrupción. El marketing más eficaz no fue el que gritó más fuerte, sino el que apareció cuando tocaba y desapareció cuando ya no aportaba. En lugar de “campañas” como eventos puntuales, empezamos a ver capas de servicio: pequeñas ayudas, señales, recordatorios, recomendaciones o experiencias que acompañan al usuario sin exigirle atención constante.Son microservicios de marca: discretos, contextuales, casi invisibles… pero diseñados con intención. Y, precisamente por eso, más difíciles de copiar: requieren entender el momento, el lugar, el hábito y el límite de lo aceptable.
2. Lo phygital dejó de ser tendencia y pasó a ser comportamiento
Durante años, “phygital” sonaba a concepto de presentación. En 2025, en cambio, se volvió rutina. La frontera entre lo físico y lo digital ya no es un “proyecto”, es el modo en que la gente se relaciona con productos, espacios y marcas. El recorrido real del usuario mezcla pantallas, lugares, comunidad, atención al cliente, pagos, eventos, recomendaciones y devolución como una sola experiencia.Por eso el reto ya no es “añadir tecnología” al punto físico, sino diseñar continuidad: que la historia no se rompa cuando cambias de canal, que el trato sea coherente, que el proceso sea simple, y que lo digital no sea un “extra”, sino parte del recorrido natural.
3. La confianza dejó de ser storytelling y pasó a ser infraestructura
El tercer cambio es el más incómodo, porque obliga a revisar los cimientos: en 2025 la confianza dejó de ser un mensaje y pasó a ser un sistema. Las conversaciones sobre greenwashing, uso de datos, IA y automatización ya no se resuelven con un buen texto o una campaña bienintencionada. El usuario —y también los equipos dentro de las empresas— empezó a decidir con otro criterio: credibilidad verificable.Eso significa que la confianza depende menos de lo que dices y más de lo que se puede comprobar: políticas claras, trazabilidad, coherencia entre promesa y entrega, y una forma de personalizar que no se sienta como vigilancia. Si en 2025 el marketing se volvió experiencia, en 2026 se va a medir como se mide cualquier experiencia real: por cómo te trata cuando nadie está mirando.
Lo que me llevo a 2026
Si tuviera que resumir 2026 en una idea práctica, sería esta: menos “tendencias” y más principios operativos. Un tipo de OS 2026 que te ayuda a tomar decisiones diarias —de producto, contenido, datos y experiencia— sin depender de adivinar el futuro.
Diseña el consentimiento como UX, no como banner
El consentimiento no puede ser un trámite legal con diseño hostil. En 2026, pedir datos (o permiso) tiene que sentirse como una parte coherente de la experiencia: claro, comprensible y reversible. Si el usuario entiende qué gana y cómo controla lo que comparte, la relación empieza bien. Si lo confundes, lo fuerzas o lo escondes, la confianza se rompe antes de empezar.
Mide valor, no ruido
Más alcance no siempre significa más impacto. En 2026, el foco pasa de “cuánto se ve” a “cuánto sirve”: uso real, recurrencia, tiempo bien invertido, satisfacción del momento. El KPI clave no es solo la atención, sino la calidad de esa atención: si la experiencia mejora la vida del usuario o solo la interrumpe.
Audita sesgos cuando automatizas
Automatizar ya no es solo cuestión de eficiencia: es una decisión ética y de marca. Segmentación, creatividades dinámicas, pujas, recomendadores, asistentes… todo eso puede amplificar sesgos sin que nadie lo note. En 2026, el estándar debería ser simple: si automatizas, también auditas. Y si no puedes explicar por qué el sistema toma una decisión, no estás listo para escalarlo.
Sostenibilidad = evidencia
La sostenibilidad deja de ser un territorio de claims y pasa a ser un territorio de pruebas. Datos, límites, trazabilidad, contexto: qué haces, qué no haces, qué estás mejorando y qué aún no puedes prometer. En 2026, lo sostenible no es lo que suena bien; es lo que se puede sostener sin maquillar.
Confianza = coherencia
La confianza no se “comunica”: se construye con consistencia. Coherencia entre lo que prometes y lo que entregas, entre producto y soporte, entre cultura interna y discurso externo, entre transparencia y práctica diaria. En 2026, la marca que gane no será la que mejor cuente historias, sino la que mejor aguante una revisión honesta.
5 apuestas prácticas para Q1 2026
Si 2026 va de confianza, el primer trimestre no va de “grandes planes”, sino de pequeñas decisiones bien ejecutadas. Aquí tienes cinco apuestas concretas para empezar el año con tracción real:
1. Auditoría rápida de confianza (30–60 minutos, sin excusas)
Haz un repaso honesto de tus puntos de contacto principales (web, landings, emails, ads, producto/servicio, atención al cliente) y responde una sola pregunta: ¿dónde prometo más de lo que entrego?Señales típicas: claims grandilocuentes sin prueba, expectativas infladas en creatividades, letra pequeña escondida, fricciones que no se avisan, o un soporte que no sostiene la promesa. Tu objetivo no es “quedar bien”, es cerrar brechas.
2. “Privacidad real” en 3 mejoras pequeñas (que el usuario note)
Olvida el rediseño total. Elige tres cambios concretos que aumenten control y claridad:
- Explicar en lenguaje humano qué datos se recogen y para qué (sin jerga).
- Reducir recogida innecesaria (si no lo usas, no lo pidas).
- Hacer reversible el permiso (cambiar preferencias fácil, sin penalización).Son detalles que parecen menores, pero son exactamente los que construyen confianza diaria.
3. Un experimento phygital sencillo (una sola hipótesis)
No hace falta montar un “metaverso”. Basta un experimento pequeño que conecte lo físico y lo digital de forma útil. Ejemplos:
- Un evento íntimo (online + presencial) con una dinámica de participación simple.
- Una activación en tienda o showroom que continúe en digital (registro, contenido, comunidad).
- Una demo guiada que termine en seguimiento automatizado con valor (no spam).Define una hipótesis clara: ¿qué continuidad quieres diseñar y cómo medirás que funciona?
4. Un estándar interno para IA (mínimo viable, pero obligatorio)
Si usas IA para crear, segmentar o automatizar, necesitas reglas internas antes de escalar. Define, por escrito:
- Qué se etiqueta (contenido generado o asistido por IA, cuándo y cómo).
- Qué se valida (datos, afirmaciones, tono, riesgos de sesgo).
- Qué no se usa (inputs sensibles, fuentes dudosas, automatizaciones sin supervisión).No es burocracia: es higiene de marca.
5. Un “anti-greenwashing protocol” para claims y contenidos
Un protocolo simple para que sostenibilidad no sea “marketing bonito”, sino comunicación verificable. Checklist mínimo:
- ¿El claim es específico o es ambiguo (“eco”, “verde”, “consciente”)?
- ¿Hay evidencia disponible (dato, certificación, proceso, alcance, límites)?
- ¿Está claro qué incluye y qué no incluye la mejora?
- ¿Podría entenderlo alguien fuera del sector sin malinterpretarlo?Si no puedes sostenerlo con claridad, no lo publiques aún: reformúlalo o documenta mejor.
Conclusión
Si algo me deja claro el paso de 2025 a 2026 es que el marketing ya no se juega solo en la creatividad o en la tecnología, sino en la calidad de la relación que construyes con las personas. Podemos hacer experiencias más fluidas, más útiles y más humanas… pero eso exige estar a la altura cuando llega el momento de la verdad: cuando el usuario pregunta, duda, compara, se cansa o necesita control. En ese punto, lo que cuenta no es el discurso, sino la coherencia: cómo diseñas, cómo tratas, cómo respondes y qué estás dispuesto a demostrar.
Y quizá ahí esté la oportunidad más grande del año que empieza: convertir cada decisión —de datos, de contenido, de producto, de atención— en una forma silenciosa de generar confianza.
Feliz Año Nuevo: que 2026 venga con menos ruido y más verdad.