Las organizaciones llevan a cabo sus determinadas actividades solamente si sus beneficios son iguales o mayores que los costes. Por esta razón, desde un punto de vista del diseño, el principio de coste-beneficio se utiliza para evaluar el rendimiento financiero de nuevas características y elementos.

Este principio te permite determinar la calidad de un diseño desde la perspectiva del usuario. Por tanto, si los costes asociados con la interacción con el diseño superan los beneficios, el diseño es deficiente. Pero si, por otro lado, los beneficios superan los costes, entonces el diseño es bueno.

¿Cómo medir la calidad de un diseño?

Como hemos dicho antes, el principio coste-beneficio te permite medir la calidad de un diseño. Lo cierto es que puedes medir cada aspecto de diseño con este principio. Para analizar el coste-beneficio del diseño de tu producto o servicio, puedes hacerte preguntas como las siguientes:

  • ¿Cuánto tiene que leer alguien para captar el sentido de un mensaje?
  • ¿Cuánto tiempo es demasiado tiempo para que una persona espere a que se descargue una página web?

Verás que la respuesta a las preguntas anteriores depende de los beneficios de la interacción. Por ejemplo, seguro que estás harto o harta de leer que el tiempo de descarga máximo aceptable hoy en día es de tres (3) segundos. Pero, la aceptabilidad del tiempo de descarga es una función de los beneficios proporcionados por la página en cuestión.

Una página de alto beneficio puede compensar el coste

Estarás de acuerdo que una página de alto beneficio puede compensar el coste si su descarga tarda más de 3 segundos. ¿Qué te parece? Por el contrario, una página de bajo beneficio no puede compensar el coste del tiempo de descarga.

Por ello tendrás que aplicar principios como la regla 80/20 y definir correctamente el contenido de la página, recordando que la reducción de los costes de interacción mejora la calidad del diseño.

Sin embargo, creo que vale la pena referir que “diseñar simplemente dentro de los límites de costes sin tener en cuenta los beneficios de la interacción” resulta en la pérdida del “sentido del diseño”,que es “proporcionar un beneficio”.

Error a evitar con el principio de coste-beneficio

Te recomiendo tener especial atención al error usual en la aplicación del principio coste-beneficio: suponer qué aspectos del sistema se percibirán como costes y cuáles serán percibidos como beneficios. Las suposiciones siempre implican problemas extras.

Esto puede pasar, por ejemplo, cuando, como diseñador te entusiasmas con las nuevas características o nuevos elementos de diseño, suponiendo que serán útiles, y que a menudo no son ni utilizadas, ni notadas por las personas que interactúan con el diseño. ¿Te suena?

Muchas veces, estas características y elementos aumentan los costes de interacción del diseño al agregar complejidad al sistema.

Para evitar este error, mi propuesta es que observes a las personas interactuando con el diseño, o observar cómo interactúan con diseños similares en un entorno real.

Los grupos focales y las pruebas de usabilidad deben ser tus aliados, pues son “valiosos para evaluar los costes-beneficios de un diseño durante el desarrollo”, si no puedes hacer una observación natural.

Conclusión

Para concluir, creo que has podido entender la importancia del principio coste-beneficio no solamente para tus diseños, sino también para tu organización. Por ello deberías considerar este principio en todos los aspectos del diseño.

Por tanto, no tomes decisiones de diseño simplemente basadas en parámetros de costes sin considerar los beneficios obtenidos de las interacciones. Verifica las percepciones de coste-beneficio de tu público objetivo observado cuidadosamente, usando grupos focales y haciendo tests de usabilidad.

¿Cómo utilizas el principio de coste-beneficio en tus diseños? ¡Comémtalo abajo!

FOTO: Markus Winkler on Unsplash